Palabra Del Aliento Para Bendecirte Hoy

Palabras de Aliento

 

Cómo conectarse con Jesús 

Por Gloria copeland

Ser humilde no es denigrarse a sí mismo; es simplemente sujetarse a la autoridad de Jesús, sujetarse a su Palabra y a su unción. 

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Marcos 5:25-29 "Pero una mujer que desde hacía doce años padecía de flujo de sangre, y había sufrido mucho de muchos médicos, y gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, cuando oyó hablar de Jesús, vino por detrás entre la multitud, y tocó su manto. Porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva. Y en seguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote".

Para recibir algo de Dios, debemos hacer lo mismo que esta mujer con el flujo de sangre: humillarnos y someternos a Él.

Marcos 5 dice que en el mismo instante en que la mujer con el flujo de sangre tocó el manto de Jesús, ella sintió en su cuerpo que había sido sanada.

"Luego Jesús, conociendo en sí mismo el poder que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?... Pero él miraba alrededor para ver quién había hecho esto. Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad" (vv. 30, 32-33).

En todo sentido posible, esta mujer se había sujetado a la autoridad de Jesús. Había oído su Palabra. La había creído. Empezó a declararla una y otra vez con sus labios, y luego actuó de conformidad con ella.

Su fe en las palabras de Jesús la llevó a cambiar sus propias palabras, y ella cambió el curso de su vida para que se ajustara a sus palabras de fe. Por eso la respuesta que Jesús le dio fue: "Hija, tu fe te ha hecho salva... " (v. 34a).

Ciertamente, la unción de Jesús fue lo que la liberó de todas sus ataduras, pero toda la unción en el mundo podría haber estado al alcance de su mano (y así fue) sin servirle de nada, si ella no la hubiera reclamado para bien suyo mediante su fe. La fe de la mujer se conectó con la unción de Jesús e hizo que fluyera a través de su cuerpo y cambiara su situación.

Jesús también le dijo "vé en paz, y queda sana de tu azote" (v. 34b). En otras palabras, le dijo que permaneciera en la sanidad y plenitud que había encontrado.

¿Cómo? Siguiendo sujeta a su Palabra, sujeta a su autoridad y sujeta a su unción.

Entre tanto, había otra persona pendiente de Jesús en ese momento que también quería beneficiarse de su unción. Era alguien que también se había humillado ante Dios y que se sujetó a la autoridad de Jesús. De hecho, era un hombre que también tenía cierto nivel de autoridad. Se trataba de Jairo, uno de los principales de la sinagoga.

Aquellas demoras inesperadas

Retrocedamos en Marcos 5 a los versículos 21-24. Toda la escena que incluyó a la mujer con el flujo de sangre empezó justo después que Jairo acudió a Jesús, se postró a sus pies y le rogó con insistencia: "Mi hija está agonizando; ven y pon las manos sobre ella para que sea salva, y vivirá" (v. 23).

Jesús fue con Jairo, avanzando con dificultad entre la apretada multitud que se había congregado, pero fue en ese momento que llegó la mujer con el flujo de sangre, tocó a Jesús y fue sanada por completo.

No obstante, quiero señalar que pasó cierta cantidad de tiempo desde el momento en que Jesús se detuvo a hablar con esta mujer y le ministró, hasta que reanudó la marcha con Jairo. La Biblia dice que la mujer le contó a Jesús "toda la verdad" de su historia cuando Él la descubrió.

Durante todo ese tiempo, Jairo se mantuvo callado. Podrá imaginar todas las oportunidades que tuvo para salirse de su postura de humildad y sumisión a Jesús, asumir una postura soberbia y dejar que la carne se encargara de hacer las cosas a su manera. Después de todo, Jairo era un líder reconocido en la sinagoga. Además, tenía autoridad religiosa y legal para mandar apedrear a aquella mujer por estar en público con su condición.

Como mínimo, Jairo pudo haberse puesto a murmurar para sus adentros con pensamientos como estos: A ver señora, termine ya de contar su historia, ¡no tenemos tiempo para oír todos los detalles! O, ¿Fue para esto que hice el ridículo en frente de todos? ¿Qué es esto? ¡Mi hija se está muriendo!

Y así fue, mientras Jesús hablaba con la mujer alguien llegó de la casa de Jairo e informó que su hija había muerto.

No obstante, yo creo que durante toda la "demora" Jairo no actuó ni se sintió de ese modo. De lo contrario, habría perdido a su hija.

Lo único que Jairo hizo fue postrarse a los pies de Jesús y hacer su declaración de fe: "Pon las manos sobre ella, y vivirá". Después de eso se quedó callado. Si hubiera hecho algo diferente, se habría perdido el testimonio de la sanidad de la mujer y lo que Jesús le enseñó a ella sobre la fe y sobre cómo mantener su sanidad íntegra.

Después de oír todo eso, la fe de Jairo tuvo que haberse edificado. Por eso creo que cuando él oyó la noticia de que su hija había muerto, estuvo en capacidad de proseguir en fe.

Marcos 5:36 nos dice que Jesús también oyó la noticia, y la instrucción que le dio a Jairo fue: "No temas, cree solamente". El texto original de ese versículo se traduce literalmente: "Detén el temor y sigue creyendo". Y eso es exactamente lo que Jairo hizo.

Cómo se cancela un funeral

Cuando Jairo llegó a su casa con Jesús, siguió en sumisión a la autoridad de Jesús y a su manera de hacer las cosas. Así fue como Jesús tomó el control de su hogar.

Jesús empezó de inmediato una "limpieza doméstica", sacando de allí toda la duda y la incredulidad representada por todos los familiares, amigos y vecinos que "lloraban y lamentaban mucho" (Marcos 5.38). En el proceso, toda esa gente se ofendió a causa de su orgullo, ante Jesús y su forma de manejar el asunto.

Pero tan pronto se despejó la casa, fue cuestión de minutos antes que la niña cuya muerte habían lamentado con tanto bullicio, volviera a la vida.

Ahora, yo creo que de algún modo, al llegar la noche y después que todos se calmaron, hubo una celebración privada y tranquila tras puertas cerradas. Permítame explicar.

En medio de toda la conmoción de la multitud que siguió a Jesús a la casa de Jairo, en medio de todo el alboroto de los plañideros que fueron echados de la casa de Jairo, yo creo que había una mujer que no quería irse, una mujer que por primera vez en 12 años, estaba sana.

Imagínese a esa mujer siguiendo a Jesús y Jairo a cierta distancia, luego junto al portón cuando salió un montón de parientes y amigos cercanos desconsolados y ofendidos de la casa de Jairo. Imagínesela tan cerca de la escena que alcanzó a oír las exclamaciones de alegría de un padre y una madre que recibieron de nuevo a su hija y a quienes Jesús "les mandó mucho que nadie lo supiese", en su hogar y tras puertas cerradas (Lucas 8.56).

Ahora imagínese a Jairo aquella noche durante la cena, presentándole a su esposa y a su hija de 12 años a una mujer a quien había conocido unas horas antes, una mujer cuyo testimonio de fe y coraje le inspiró a no abandonar su propia fe.

Amigo mío, ser humilde no es denigrarse a sí mismo; es simplemente sujetarse a la autoridad de Jesús, sujetarse a su Palabra y a su unción.

Sí, Dios es soberano. Pero un Dios soberano nos ha dado su promesa soberana. Él decidió y declaró que nosotros, que usted y yo, tenemos nuestra parte y que tenemos algo que hacer y decir por nuestra cuenta. Él nos ha dicho qué hacer, y sabemos qué esperar. Claro, si no obedecemos, nada sucederá. Pero si obedecemos su Palabra, nos volvemos partícipes de su naturaleza y propósito divinos.

Nosotros seremos todo lo que la Palabra diga que podemos ser, haremos todo lo que la Palabra diga que podemos hacer, y tendremos todo lo que la Palabra diga que podemos tener. Somos coherederos con el Ungido, nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

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