Palabra Del Aliento Para Bendecirte Hoy

Palabras de Aliento

 

La sanidad siempre viene

Kenneth y Gloria Copeland

¡La voluntad de Dios es sanarle! Así lo dice su Palabra. Si no lo cree, entonces usted no puede orar creyendo que recibirá en fe.

 

Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.
– Marcos 16:17-18

Antes me enojaba con las personas sobre las cuales imponía las manos y no se sanaban. Un día estaba hablando con Dios acerca de esto. Él habló a mi espíritu y dijo: "La sanidad siempre viene". Recuerdo que dije: "¿Cómo que la sanidad siempre viene? No todas las personas son sanadas".

"Yo no dije que todos la reciben", respondió. Luego me habló con firmeza, diciendo: "Yo cumplo mi parte, y he dicho que se recuperarán".

Esas palabras me golpearon como una tonelada de ladrillos. Dios dijo que ellos se recuperarán. Él nunca miente. Si Él dijo que se recuperarán, entonces eso significa que la sanidad siempre viene. No es Dios quien la retiene, sino los que no la reciben.
Desde entonces, no he tenido ningún problema al imponer las manos sobre las personas y creer que van a ser sanadas. Ya sea que ellas se vayan sanas o no, yo solo permanezco en la fe por ellas. De hecho, sé que si esa persona, que se va enferma, llega a poner en línea su fe con Dios y conmigo (no importa que sea dentro de cinco años) se sanará.
Si ha impuesto las manos sobre alguien que no recibió la sanidad, no retire su fe para que no se corte el poder de Dios. Permanezca firme. Siga creyendo que "la sanidad siempre viene", y quizá más adelante esa persona enferma decida estar firme y ponerse de acuerdo con usted.

La tradición: una asesina (Gloria Copeland)

Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición.
– Mateo 15:6b

Cáncer, enfermedades del corazón, esclerosis múltiple: cuando pensamos en enfermedades mortales, esos son los nombres que vienen a la mente. Pero la verdad es que en la Iglesia de hoy hay una asesina suelta más mortífera que esas enfermedades. Ha destruido más vidas de lo que cualquiera de nosotros se pueda imaginar. Se llama "tradición". Las tradiciones le roban a los creyentes la sanidad. Roban el poder de las promesas de Dios. A continuación hay tres de las cuales debe tener cuidado:

1. La tradición que dice que no es siempre la voluntad de Dios sanarle.

¡La voluntad de Dios es sanarle! Así lo dice su Palabra. Si no lo cree, entonces usted no puede orar creyendo que recibirá en fe. Usted es como el agricultor que se sienta en su pórtico y dice: "Creo en las cosechas, pero no voy a sembrar ninguna semilla este año. Simplemente creeré, y si es la voluntad de Dios, mi cosecha vendrá". Ese agricultor nunca verá la cosecha. La fe es la semilla de la sanidad, si usted no la siembra, no crecerá. Una oración que incluye las palabras: "Si es tu voluntad", no producirá una cosecha de sanidad. Debe saber sin lugar a dudas que la sanidad es siempre la voluntad de Dios para usted.

Otra tradición que oímos es que la sanidad ya pasó y que ya no hay milagros. Pero la Palabra de Dios prueba que eso no es cierto. En Éxodo 15:26, Dios dice: "... yo soy Jehová tu sanador". Dios también nos dice que Él no cambia (Malaquías 3:6). El nunca ha cambiado desde que empezó el tiempo. Para que la sanidad deje de ser, Dios tendría que dejar de existir, y Él no está por hacer eso.

La tercera tradición peligrosa es: "Dios se glorifica cuando los cristianos están enfermos". Esa tradición viola o infringe totalmente la Palabra de Dios. La Biblia dice que la gente le dio la gloria a Dios cuando vieron a los paralíticos caminar y a los ciegos ver. Dios recibe la gloria cuando usted es sanado, ¡no de su padecimiento!

El mundo está buscando una manera de escapar de las enfermedades y las dolencias, no una manera de entrar en ellas. Acabemos con esas tradiciones y libremos a un mundo herido de la asesina más peligrosa.

De la tradición a la verdad

Bendice, alma mía, a Jehová, y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias; el que rescata del hoyo tu vida, el que te corona de favores y misericordias; el que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila.
– Salmo 103:2-5

¿En realidad hay un propósito divino tras las cosas malas que le suceden a usted? ¿Es posible que sus enfermedades y calamidades sean parte del plan de Dios para su vida?

Antes de que pueda empezar a recibir la sanidad y el poder liberador de Dios, usted tiene que saber la respuesta a esas preguntas y aclarar ese asunto de una vez por todas. Si tiene alguna sospecha de que Dios es la fuente de sus desventuras, entonces no podrá creer que Él pueda liberarlo de sus dificultades; además, estará paralizando su fe porque creerá que si evita esas cosas estará oponiéndose a la voluntad de Dios.

Para que pueda recibir todos los beneficios que Dios desea darle, usted debe estar de acuerdo con que Él es un Dios bueno. Debe creer que la voluntad de Dios para usted es la salud, no la enfermedad; la prosperidad, no la pobreza; la felicidad, no la tristeza, cien por ciento del tiempo. El Salmo 103 es suficiente para probar que eso es cierto. Pero si no es suficiente para convencerlo, también hay muchos otros salmos. Uno de los mejores versículos conocidos es el Salmo136:1 que dice: "Alabad a Jehová, porque él es bueno, porque para siempre es su misericordia".

Si las tradiciones religiosas le han privado de la bondad de Dios, si le han enseñado que Él permite dificultades en la vida para enseñarle algo, empiece hoy a deshacerse de esas tradiciones y reemplácelas con la verdad.

Lea la Biblia y deje que Dios mismo le diga por medio de su Palabra que Él es el Dios que lo sana (Éxodo 15:26). Escudriñe las Escrituras y vea por sí mismo la verdad de que Dios es misericordioso (Salmo 86:5); bondadoso (Jeremías 9:24) y compasivo (Salmo 145:8).

Deshágase de las dudas y abra su corazón para recibir la verdad acerca de su Padre celestial. Es lo único que podrá hacerle verdaderamente libre. Salmo 89:1-28

+ Prédicas Escritas | Kenneth Copeland