Palabra Del Aliento Para Bendecirte Hoy

Palabras de Aliento

 

No dependa de las suposiciones

 



Por Kenneth Copeland

Vaya al Señor y conozca exactamente lo que Él quiere que haga. No decida actuar por sí solo 

 

Clama a mí, y yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces.
– Jeremías 33:3

¿A quién acude usted cuando necesita ayuda, cuando necesita respuesta a una pregunta importante? ¿Le pregunta primero a Dios?

Muchos creyentes no lo hacen. Se la pasan retorciéndose las manos y hablando uno con el otro todo el día. Le preguntan al pastor, les preguntan a los amigos o le preguntan al cónyuge. Pero, ¿le preguntan a Dios? No.

No cometa usted ese error, sino que siga el ejemplo del rey David. En 1 Crónicas 14, la Biblia nos dice que él estaba a punto de entrar en batalla contra los poderosos filisteos que habían salido TODOS contra él. La nación filistea había sido enemiga de Israel por años. David quizá pudo haber adivinado que Dios le diría que fuera a la batalla contra ellos. Pero él no se puso a adivinar, sino que fue delante del Señor y consultó con Él, diciendo: "¿Subiré contra los filisteos? ¿Los entregarás en mi mano? Y Jehová le dijo: Sube, porque yo los entregaré en tus manos".
No dependa de las suposiciones. Cuando usted se enfrente a un problema, busque al Señor por medio de la Palabra y en oración, y pregúntele cuál es la solución. No importa cuántos pasajes bíblicos usted aprenda, no importa cuán plenamente entienda quién es en Jesucristo, usted nunca estará exento de buscar a Dios.

Vaya al Señor y conozca exactamente lo que Él quiere que haga. No decida actuar por sí solo para luego pedirle a Dios que bendiga sus planes. Vaya a Él y diga: "Señor, ¿cuáles son tus planes?" Sus planes ya están bendecidos; si usted los sigue, su victoria está garantizada.

Deshágase de las ranas

Y dijo Moisés a Faraón: Dígnate indicarme cuándo debo orar por ti, por tus siervos y por tu pueblo, para que las ranas sean quitadas de ti y de tus casas, y que solamente queden en el río.
– Éxodo 8:9

¿Alguna vez ha tenido que lidiar con uno de esos problemas que por nada del mundo desaparecen y es inmune a todas las soluciones? Usted le hace frente desde todos los ángulos y le aplica todos los métodos, pero en lugar de desaparecer más bien se agranda y se multiplica y queda por completo fuera de su control.

La Biblia nos dice que faraón tuvo esa clase de problema hace miles de años. Faraón tenía una disputa muy fuerte con Dios sobre el futuro de los israelitas, y como resultado de esa disputa, se despertó una mañana y halló que su país estaba plagado de ranas: ranas viscosas y malolientes que andaban saltando por todas partes.

Era un problema serio. No hablo de una rana o dos en el jardín. Quiero decir que había ranas en todas partes. Había ranas en las camas y sobre las mesas. Había ranas viejas y grandes en los hornos, ranas en la masa del pan y en el agua potable, ranas en el pelo, ranas en lugares que uno no quisiera para nada encontrarlas.

Entonces Dios hizo algo: envió a Moisés a preguntar a faraón: "¿Cuándo debo orar al Señor para que las ranas sean quitadas de aquí?" ¿Sabe lo que dijo faraón?: "Mañana".

¿Se imagina tal cosa? Él pudo haber dicho: "¡Ahora mismo!" Pero en cambio decidió que pasaría una noche más entre las ranas.

Usted dice: "Esa es la cosa más tonta que jamás haya oído. ¿Por qué diría mañana?" No lo sé. Probablemente por la misma razón que usted quiere esperar hasta mañana para ser salvo o sanado o prosperado.

Lo que quiero que vea es que, cuando Moisés le hizo a faraón esa pregunta y él respondió "mañana", Moisés dijo: "De acuerdo. Para que conozcas que hay un Dios en el cielo, SE HARÁ CONFORME A TUS PALABRAS".

Déjeme preguntarle esto: ¿Por cuánto tiempo va a permitir que ese problema lo atormente? ¿Cuándo se va a deshacer de las ranas de su vida? ¿Se da cuenta de que se quedarán ahí mientras usted las deje? Las ranas se quedarán ahí hasta que usted no tome la decisión de ir a la Palabra de Dios y echarlas. ¿Por qué no lo hace hoy mismo?

+ Prédicas Escritas | Kenneth Copeland