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No apto para religiosos y legalistas

 
 
 
 
 
ALTO VOLTAJE
 

 

 

 

La gravedad de la incredulidad

Por David Wilkerson

Pocos cristianos consagrados pensarían que son incrédulos. Por años he estado desconcertado por algo que Jesús dijo: “Cuándo venga el Hijo del hombre, ¿hallara fe en la tierra?” (Lucas 18:8). La pregunta implica no solo falta de fe en la tierra sino también en el pueblo de Dios.
¿Por qué Jesús diría esto? La fe es uno de los temas más hablados en la iglesia. Predicadores devotos lo enfatizan, y hay una avalancha de libros sobre el tema. Grandes obras están siendo hechas, enormes proyectos, todo en el nombre de la fe. Entonces, ¿qué nos esta diciendo Jesús cuando pregunta, “Cuando suene la trompeta final, ¿encontrare algo de fe?”
Nosotros encontramos una clave en la advertencia sobria de Hebreos 3:12: “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo.” Este versículo nos dice que debemos reconocer la incredulidad en nosotros mismos cuando nos “apartamos del Dios vivo.” Sin embargo, ¿qué significa apartarse del Señor?
Esto pasa por nuestra duda acerca de la fidelidad de Dios. Si permitimos crecer aun pequeñas semillas de incredulidad en nuestro corazón, terminaríamos en una condición penosa. Este pasaje nos advierte, “Vela, y no permitas que nada de incredulidad eche raíz. A veces el Señor puede parecer distante a ti, pero no dejes que tu corazón se aparte de la realidad de su fidelidad.”
Recientemente, un pastor de otra ciudad se acercó a mí después de uno de nuestros servicios de la Iglesia. Mientras que él hablaba, su cabeza se inclinaba en abatimiento. Él dijo que había estado reuniéndose mensualmente con un grupo de pastores de diferentes denominaciones en su ciudad.
“Pero, hermano David,” dijo él, “nuestras reuniones se han convertido deprimentes. Nuestro numero esta disminuyendo porque más y más pastores están abandonando el ministerio. Nunca escuchamos una palabra de Dios. Y muchos siguen su ministerio sintiéndose desesperanzados. Ellos han perdido todo gozo. Ahora sus esposas están hartas e instan a sus esposos a dejar el ministerio. Eso me deprime porque yo amo a estos hombres. Estoy hambriento porque nosotros escuchemos del Señor otra vez.”
Yo veo que algo similar pasa en muchas escuelas bíblicas y seminarios. En realidad algunas de estas instituciones se han convertido en semilleros de incredulidad. Los estudiantes entran convencidos de la veracidad de las Escrituras, de la habilidad de Dios para obrar milagros, de un literal cielo e infierno. Pero si expresan sus creencias durante clases, un profesor los ridiculizaría. Él llama a sus creencias “antigua escuela,” y se burla de ellos como si fueran incultos e inseguros. Muchos jóvenes sinceros se gradúan sin fe, porque han sido robados de toda confianza en Dios.
Si nosotros permitimos crecer aun pequeñas semillas de incredulidad en nuestro corazón, terminaremos en una condición penosa.
Con todo la Biblia nos dice en términos nada inciertos: “Sin fe es imposible agradar a Dios: Porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6).

Déjame mostrarte cuan seriamente Dios toma nuestro pecado de incredulidad